Fue verlas y enamorarme. Las tenían que tener mis pies, me dije, y las compré. Estas zapatillas con carita de vaca era lo que necesitaba para descansar de los tacones. Ahora llego a casa, me las pongo, y se me van los dolores de pies.
Son suaves, calentitas, cómodas y ¡lavan en lavadora! Te salen del lavado como nuevas. Yo siempre las lavo una vez a la semana para que no acumulen suciedad porque, por muy limpia que tengas la casa, siempre hay porquerías por el suelo de los zapatos que entran y salen.
Me gustan tanto estas zapatillas que compré unas igualitas para mi hija mayor. A ella le quedan un poco grandes. Quería cambiárselas, pero mi chiquilla me dijo que se las dejara tal cual porque le gusta andar con los pies flojitos.
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