Con un vestido discreto
fui a la boda de mi primo.
Las mangas tenían vuelo,
el escote era de cisne.
Por no enseñar no enseñaba
ni mis piernas infinitas
bien tapadas con el largo
midi del lindo vestido.
Un cinturón lazo hacía
mi cintura cinturita
y me daba un toque chic
sin ponerme mucho brillo.
Mi vestido era granate,
pero lo había distinto.
El blanco no era el caso.
El rosa no era el mío.
El rojo tampoco era
el que mi cuerpo pedía.
Había un azul cielo
que casi me daña el día.
El negro lo descarté
porque se casaba el primo.
Finalmente fue el granate
el vestido elegido.
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